Cómo recuerdas tu primer contacto con la fotografía?
La verdad es que mi acercamiento a la fotografía es una de esas cosas que nunca he logrado explicarme. Yo usaba la cámara sólo para tener un registro de mis trabajos, pues en esos tiempos me dedicaba a la dirección publicitaria. Nunca me gustó mucho el tema de la fotografía: ¡ni siquiera tenía mi propia cámara!
Mi trabajo no era muy creativo; era aburrido y casi deprimente. Estaba viviendo justamente aquello que en mi adolescencia tanto había temido. Entonces me deprimí. Esto afectó mi carrera, y mi trabajo comenzó a decaer, hasta que me encontré en un punto en el que no veía en mí la juventud. Ya no había arte en mi vida. Me llené de temores. Entonces me vi impulsado a comenzar de nuevo: compré unas pinturas, herramientas y una cámara, y de una vez empecé con esto.
Me puse a pintar y a fotografiar al mismo tiempo; pero pintar en realidad es una tarea demasiado desoladora. Como director publicitario siempre había trabajado en equipo, razón por la cual se me hacía muy difícil estar completamente solo en un estudio. Me fui quedando cada vez más horas encarando la tela en blanco, hasta que acabé congelándome. Por suerte me quedaba la fotografía, a la que fui dedicándole todo mi tiempo, hasta que definitivamente terminó transformándose en mi vida.
Tenemos entendido que estudiaste Arte, aunque en tus biografías disponibles no queda muy claro.
Fui a la escuela de arte cuando tenía 12 años. Fueron 11 años de estudios relacionados con el arte. Mi diploma de la colegiatura dice “Diseñador Gráfico”, pero la verdad es que el diseño no me llama la atención ni en lo más mínimo. Dediqué casi todo mi tiempo a la documentación de acontecimientos relacionados al arte: estuve más de una década de mi vida pensando en el tema, pero desafortunadamente nunca pude hacer realidad el sueño de producir un documental referido al arte.
Respecto a tus trabajos: ¿cómo abordas los procesos creativo y productivo?
Siempre estoy preocupado de analizar la “gran película”, es decir, la vida real. Este análisis va llenándome de sentimientos, los que se van acumulando en mí hasta encontrarse en un estado de intensidad tal que se hacen posibles de ser expresados. El proceso continúa con la elaboración de un boceto, muchas veces en oraciones cortas o poemas, con los que doy un paso más en el trabajo de racionalización de esos sentimientos acumulados, acercándome cada vez más a la posibilidad de ver la imagen que será el producto final.
Luego, cuando las imágenes están claras en mi cabeza, las tomas fotográficas van dándose rápido: en un par de días puedo tener todo listo. Después los colores se arreglan en photoshop; en realidad esa es la parte menos compleja.
¿Qué piensas respecto a la respuesta del espectador? ¿Hay algo que busques provocar con tu trabajo?
Francamente hablando, muchas veces me asusta pensar en eso. Tres años atrás realicé una exhibición en Shanghai; no eran buenos tiempos para el arte allá. Yo estaba parado en la entrada del salón mirando a la gente que se paseaba: sus rostros se mostraban totalmente concentrados, sin reflejar ninguna emoción; muchos de ellos ni siquiera se detuvieron frente a alguna fotografía, todos avanzaban rápido. Nadie me dijo nada, y no hubo ningún tipo de interés en el trabajo. Me sentí terrible entonces. Fue muy cruel. Muchas veces considero que mi trabajo es un regalo a la gente, pero si a nadie le interesa, ¿cuál es el sentido de hacerlo? A veces pienso que hay muchas cosas que uno hace para si mismo…
Por suerte las exposiciones posteriores tuvieron algo más de éxito. Cada vez más personas fueron interesándose en mi trabajo; empecé a recibir mensajes alentadores y comentarios positivos, los que me han dado el coraje de seguir con esto. Sin embargo, aun no soy muy capaz de ver al público directamente al rostro. Muchas veces pienso que observar mi trabajo es como verme desnudo: en él me convierto en algo frágil y muy débil.
Una desnudez que deja la piel al descubierto, más sensible...
Claro… La sensibilidad de la raza humana es muy difícil de expresar... Pero la fotografía es un silencio… Siempre espero que mi trabajo sea como un poema, no una máquina que rellene los vacíos, sino todo lo contrario: espero que tenga espacios para poder pensar; espero que se transforme en un túnel que vaya de un lugar a otro. Nosotros, los humanos, estamos siempre tratando de buscarnos a nosotros mismos: nos movemos, creamos y observamos, y a veces nos desnudamos...
No es osado suponer que el cine ha influenciado tu trabajo. ¿Alguna preferencia al respecto?
Crecí en una familia de directores y actrices, de manera que me tocó estar muy cerca del drama mismo del cine. No ha mucho tiempo atrás, en China sólo los artistas profesionales tenían la oportunidad de tener acceso las películas de western. Yo muchas veces tuve la suerte de entrar a esas pequeñas salas de cine, y esa experiencia no pasó desapercibida en mi vida.
En cuanto a directores, mis preferencias son claras: los rusos Andrei Tarkovsky y Serger Parajanov, el griego Theo Angelopoulos y, cómo no, el español Pedro Almodovar.
¿Crees que tu trabajo refleje de alguna forma la cultura China o la Oriental en general?
Yo creo que mi trabajo, visto desde el exterior, refleja más bien rasgos del oeste… pero es muy difícil definir esto. Lo que sí creo honestamente es que mi obra tiene ese legado cultural dejado por mi sangre, sangre que me esfuerzo por mantener fluyendo del modo más natural posible: la tragedia, el romance, el contraste, la belleza, la fragilidad y la fantasía son rasgos de mi cultura, sin duda.
¿Dónde has expuesto tus trabajos?
He realizado más de diez exposiciones, todas en diferentes países; pero en lo que estoy más concentrado hoy es en la difusión de mi trabajo mediante la Internet: ahí es donde se hace más extenso el acceso a mi obra. Gente de todo el mundo puede verlo, y realmente me fascina este tipo de exposición.
Nos enteramos de que has estado interesado en la cultura Latinoamericana, y que incluso has aprendido a tocar el bongó. ¿Qué cercanía tienes con este continente?
¡Claro! He tomado clases de bongó acá en China, y me he instruido también viendo videos en youtube. Me gusta mucho y quiero seguir perfeccionándome. No sé realmente por qué me gusta la música latina; quizás haya sido esa pasión vital que puede verse en el arte latino –mucho más alocado y encantador– la que me sacó de esa quietud en la que me encontraba antes…
El cine y la música son de ese tipo de artes no tienen barreras. Esas fueron las primeras aproximaciones que tuve con Latinoamérica, y creo que cada vez estoy más cerca, salvo por no haberlo visitado físicamente aún.
A propósito, me gustan bastante los poemas de Pablo Neruda. Probablemente la traducción no sea la mejor, pero de todas formas se puede sentir la fuerza… esos poemas han sido también un incentivo para seguir aprendiendo de la cultura Latinoamericana.
¿Algún artista asiático que recomendarnos?
No conozco mucho la escena asiática, y no he visto muchos trabajos ni estilos similares al mío por acá… debe ser una especie de temor a descubrir que no soy tan original... podría volverme loco.
Qué planes tienes para este 2008?
Completé varias tomas de las tres series que espero exponer este año. Una de ellas será una exhibición exclusiva de mis trabajos en el Shangai Art Museum, donde espero mostrar, además de mi trabajo fotográfico, mis pinturas y esculturas. También tengo planeado un viaje a Europa a mediados del año, del que espero llevarme buenos recuerdos y momentos excitantes.
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